05/01/2021

El argán: el árbol y su fruto (1)

Al visitarnos, Usted con seguridad ya sabe qué es el aceite de argán y de dónde procede. Sin embargo, permítanos presentarle el árbol del argán una vez más, a nuestra manera.

Apellido: Espinosa
Edad: 80 millones de años
Lugar de residencia: Suroeste de Marruecos
Estatus: Superviviente en peligro de extinción

El árbol de argán, a lo largo de los siglos, se ha hecho merecedor de nuestro respeto. Es un vestigio de la Era Terciaria que, a pesar de ser declarado Patrimonio Universal por la UNESCO en 1998, ha visto como desaparecía la mitad de su población. Según las estimaciones más optimistas, se pierden cada año unas 600 hectáreas de arganes. Es víctima del clima y de la actividad humana, de la sobreexplotación, la tala por escasez de recursos, el urbanismo, el turismo, el pastoreo y nuevas formas de cultivos intensivos que degradan su entorno y hacen peligrar no sólo su supervivencia sino también la de todo un ecosistema sutil y frágil. La capacidad del argán para atrapar la humedad atmosférica nocturna, almacenar el agua y devolver parte de ella al subsuelo le convierte en una pieza clave para la subsistencia de una flora endémica que depende de él en un medio en el que las precipitaciones son escasas. Con razón, las tribus locales llamaron a este árbol mítico «el Padre de Todos». El bosque de arganes es el último baluarte frente al proceso de desertización y la progresión del Sahara.
Su enorme valor, tanto ecológico como económico y sociocultural, se ha convertido en un arma de doble filo y puede hacer de él  una simple reliquia del pasado.

Champú Arganic by María Gan®

El Argán o Arganero (Argania Spinosa) es un árbol de la familia de los Sapotáceos que crece solamente en la parte suroeste de Marruecos. Es un vestigio de cuando el clima era cálido y templado. La etimología de «argán» podría ser «serg» que significa «hacer leña» en la tribu de Ait Bouzemmour, que derivó en «erg» y luego «ergen», con el sentido de «hueso de madera»; «Ergen» habría evolucionado en «argan», con el significado de árbol de madera pesada o árbol de madera de hierro. Otros autores hacen derivar esta palabra del bereber «arjan», a su vez del árabe «rajnah», con el sentido de «quedar encerrado en un lugar determinado». Como suele ocurrir con términos populares, las etimologías son inseguras.

El argán da sus frutos entre mayo y junio. Éstos tienen un aspecto parecido a la aceituna pero son más grandes y más redondos. Encierran una almendra muy dura que, a su vez, contiene hasta tres semillas de las que se extraerá el aceite. En la actualidad se recolectan los frutos por vareo y se ponen a secar al sol.

Toda la calidad del aceite de argán cosmético, en particular su olor, descansa sobre la trazabilidad de los frutos. Por lo tanto, para conseguir un aceite que sólo huela a fruto, hay que seleccionar los frutos sin despulpar, porque las semillas vendidas a granel en los mercados pueden proceder de frutos que han sido previamente ingeridos por las cabras. Éstos proporcionan un aceite con un olor caprino característico, muy fuerte y casi fecal,  llamado  «aceite de cabra». De ahí que personas, poco o mal informadas,  tengan la idea de que el inconveniente del aceite de argán sea su olor desagradable.

Tradicionalmente, al escasear el pasto, las cabras se subían a los árboles de argán para comer sus brotes y sus frutos. De vuelta al aprisco, rumiaban y regurgitaban los huesos de los frutos. Era, para los pastores, una forma cómoda de recolectar las almendras sin correr el riesgo de pincharse; son las llamadas «almendras de cabras».

En este contexto, cabe señalar que el cliché de la cabra encaramada en las ramas del argán, alimentándose de sus frutos, ya no se corresponde con la realidad que impera en la actualidad y, si bien aún quedan algunos sitios aislados en los que aún pueden verse cabras en los árboles, ha pasado a ser un mero reclamo turístico, una postal curiosa. Por motivos obvios de calidad sanitaria, hoy en día, en las cooperativas tradicionales, cuya gran labor debemos reconocer, las cabras tienen prohibido el acceso a los arganes y se llevan a cabo labores de poda para que no puedan trepar. Por otra parte, hoy en día, el aceite cosmético suele someterse a un proceso de desodorización.

Cuando los frutos están secos, se retira la pulpa para  extraer la almendra, descascarillarla con medios manuales y conseguir sus semillas. Éstas se tuestan, se muelen y se prensan para conseguir el aceite de argán alimentario. Esta torrefacción le confiere al aceite una fragancia característica a avellana y un color dorado ambarino.
Para elaborar el aceite cosmético, no se tuestan las semillas y se prensan en frío. De ahí que el aceite de argán cosmético tenga un color más neutro y su olor sea tan tenue.

Una hectárea de bosque de arganes suministra 800 kilos de almendras maduras; tras el secado, proporcionarán unos 40 kilos de semillas que permitirán extraer 18 litros de aceite.

La producción total para el conjunto del país es de unas 130 000 toneladas de almendras maduras.

El blog de María Gan®
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